Opinión | Una propuesta polémica plantea entregar temporalmente el control del país a una fuerza extranjera. Su argumento merece discusión, pero también tiene errores que no se pueden pasar por alto.
El artículo “Es hora de colonizar Haití” parte de una frustración comprensible: las iniciativas internacionales no han logrado resolver la inseguridad ni reconstruir unas instituciones capaces de proteger a la población. Su autor propone una intervención mucho más amplia, con autoridad para enfrentar a las pandillas y administrar funciones del Estado mientras se prepara una transición.
La idea central es que enviar soldados sin recursos suficientes, sin coordinación y sin un plan para lo que viene después deja el trabajo a mitad. Primero habría que recuperar la seguridad, luego poner a funcionar la justicia y los servicios públicos, y crear condiciones para celebrar elecciones.
Ese argumento tiene una parte razonable. Una intervención internacional temporal podría ayudar si consigue proteger comunidades, recuperar vías de transporte y permitir que hospitales, escuelas y negocios funcionen. Desarmar a las pandillas y perseguir a quienes las financian también tendría que formar parte del esfuerzo.
Pero llamar a eso “colonización” introduce un problema mayor. ¿Quién gobernaría? ¿Ante quién respondería? ¿Cómo se impedirían los abusos? ¿Y qué garantizaría que esa autoridad extranjera entregue el poder?
Además, el artículo se equivoca al afirmar que Haití nunca fue colonizado por Occidente. Fue la colonia francesa de Saint-Domingue, cuya riqueza dependía de un sistema brutal de esclavitud. Presentar aquella prosperidad sin reconocer su costo humano ofrece una historia incompleta.
Mi valoración es que una misión internacional con capacidad real puede ser defendible. Tendría que contar con participación haitiana, supervisión independiente, financiamiento transparente y condiciones claras para su retirada. La presencia militar, por sí sola, no construye un Estado.
La discusión merece más seriedad que una consigna sobre volver a colonizar. El objetivo debería ser que la población pueda vivir sin secuestros, trabajar y recuperar el control de su futuro. Cualquier propuesta debe medirse por su capacidad de conseguir eso.
