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Netanyahu se juega el poder en unas elecciones reñidas en Israel

Israel llega a las elecciones de este martes 27 de octubre con un panorama complicado. Después de tres años marcados por la guerra y las divisiones políticas, los votantes decidirán quiénes ocuparán los 120 puestos del Parlamento y qué partidos tendrán posibilidades de formar el próximo gobierno.

Benjamin Netanyahu busca mantenerse como primer ministro, pero las encuestas no le aseguran los apoyos necesarios. Sus adversarios tampoco tienen el camino despejado. Aunque algunos sondeos favorecen a un bloque y otros al contrario, la posibilidad de que ninguno consiga una mayoría clara sigue sobre la mesa. newarab.com

Eso significa que la elección podría terminar sin una respuesta inmediata sobre quién gobernará. El conteo de votos será importante, pero las negociaciones entre los partidos podrían ser igual de decisivas.

Netanyahu apuesta a la seguridad y su relación con Trump

El dirigente del partido Likud intenta conservar una alianza con partidos de derecha y organizaciones religiosas. Su campaña insiste en que necesita más tiempo para completar las operaciones militares de Israel y enfrentar las amenazas que atribuye a Irán.

También ha puesto en primer plano su relación con el presidente estadounidense Donald Trump, quien le expresó su respaldo. Netanyahu presenta ese vínculo como una ventaja para mantener el apoyo de Washington y evitar que Irán consiga un arma nuclear.

Otro de sus argumentos es que sus rivales dependerían de los partidos árabes para formar gobierno. El primer ministro cuestiona esa posibilidad y la utiliza para pedir el voto de quienes prefieren mantener una coalición de derecha.

Sus opositores, en cambio, lo acusan de usar el miedo para movilizar a sus seguidores. La discusión subió de tono después de que Netanyahu publicara una imagen generada con inteligencia artificial que mostraba una explosión nuclear sobre Tel Aviv.

Una oposición unida por el deseo de sacarlo

Del otro lado hay partidos de distintas posiciones políticas. No todos coinciden en cómo debe manejarse el país, pero comparten el objetivo de terminar con el gobierno de Netanyahu.

Una de las principales figuras de ese grupo es Gadi Eisenkot, exjefe del Ejército y líder del partido centrista Yashar. Eisenkot formó parte del gabinete de guerra junto a Netanyahu durante buena parte del primer año del conflicto en Gaza. También perdió a un hijo y a dos sobrinos que prestaban servicio militar allí.

Ahora se presenta como una alternativa para reducir las divisiones internas y recuperar la confianza en las instituciones. Entre sus propuestas está abrir una investigación estatal sobre las fallas de seguridad que permitieron el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Esa será una de las grandes preguntas que acompañarán a los votantes. Esta es la primera elección nacional desde aquel ataque, y la responsabilidad política por lo ocurrido sigue siendo motivo de fuertes enfrentamientos.

El voto árabe puede cambiar las cuentas

La participación será otro punto clave. Los ciudadanos árabes representan alrededor de una quinta parte de la población israelí y su asistencia a las urnas puede influir en la distribución de los escaños.

Una mayor participación de ese sector podría dificultar que Netanyahu reúna suficientes puestos para repetir su actual coalición. Pero eso tampoco garantiza que todos los partidos contrarios al primer ministro estén dispuestos a gobernar juntos.

El problema para la oposición es que necesita sumar apoyos sin romper las relaciones entre sus propios integrantes. La cooperación con los partidos árabes sigue siendo un asunto delicado para varias organizaciones.

El servicio militar también divide

La discusión sobre el reclutamiento de los judíos ultraortodoxos está afectando incluso a sectores que tradicionalmente apoyan a Netanyahu.

Mientras muchos israelíes cumplen con el servicio militar y otros han sido llamados repetidamente como reservistas, las exenciones de numerosos estudiantes religiosos han provocado descontento.

Dos nuevas agrupaciones que participan en la elección han hecho de ese tema una parte central de su campaña. Según los sondeos citados en el reportaje, ambas están cerca del mínimo de votos necesario para conseguir representación parlamentaria.

Que logren entrar o se queden fuera puede cambiar las cuentas finales. En una elección tan cerrada, unos pocos puestos podrían definir qué bloque queda en mejores condiciones para negociar.

Ganar más puestos no asegura formar gobierno

En Israel, los ciudadanos votan por listas de partidos. Por eso, que una organización termine en primer lugar no significa que su líder tenga asegurado el cargo de primer ministro.

Los partidos deben reunir apoyos para formar un gobierno. Si ninguno de los bloques consigue una mayoría suficiente, podrían comenzar semanas de conversaciones, acuerdos y cambios de posición.

También existe la posibilidad de un gobierno minoritario que reciba respaldo de otros partidos para su aprobación, aunque estos no formen parte del gabinete. La viabilidad de esa salida dependerá de los apoyos y las abstenciones que se consigan.

Si las negociaciones fracasan, Israel podría volver a las urnas. Ya ocurrió varias veces: entre 2019 y 2022 el país celebró cinco elecciones por la dificultad de formar gobiernos estables.

Por ahora, Netanyahu pelea por conservar el poder y sus adversarios buscan sumar los votos necesarios para desplazarlo. Pero el resultado del martes podría ser apenas el comienzo de otra larga negociación política.

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